20 agosto 2006

Las Brujas si Existen...

Escuché ese susurro, traído por el viento, durante la pausa de las clases. Dos de mis alumnos de primaria, de unos seis años, estaban agazapados detrás de uno de los árboles del patio. Me acerqué con cautela y presté atención a su conversación, mientras vigilaba a otro grupo.
-“¿Porqué dices que existen? ¿Has visto alguna?”
-“Sí, ayer por la noche, vi a una bruja subida en su escoba.”
-“¿Ayer por la noche? ¿Y que hora era?”
-“No lo sé, pero muy tarde, porque no había luz en el pasillo.”
-“¿Y te saludó? ¿O te escondiste bajo las sábanas?”
-“No, llamé a mamá porque tenía sed, y mientras ella iba a por un vaso de agua a la cocina...”
-“Qué???”
-“¡¡¡Pues la vi!!!”
-“¿No lo soñaste?”
-“No... Mi mamá también la vio.”
-“¿Y cómo era?”
-“Era mi abuela.”
-“¿Tu abuela es una bruja? No me lo creo.”
-“Sí, mi mamá también la vio volando.”
-“Pero las brujas son feas, y malas, y tienen gatos... Y tu abuela es guapa, me da caramelos cuando voy a jugar contigo, y tiene un perro enorme.”
-“Ya, pero no parecía ella.”
-“Entonces, sería un árbol que se estaba moviendo, o un búho.”
-“Te digo que mi mamá también la vio, y se asustó, pero me dijo que lo había soñado.”
-“Jo, pero entonces, tu abuela es una bruja, o no?”
-“No lo sé, ¿me dejas tu muñeca?”
Tras esto, lo siguiente que escuché fueron las risas despreocupadas de las pequeñas, que seguían con sus juegos. Quedaban sólo cinco minutos para acabar el recreo, y mientras las veía jugar, pensé que la imaginación de los niños a esa edad era casi milagrosa. Mira que pensar que las brujas existían...
Al acabar la jornada, llamé por teléfono a la abuela de la muchacha para decirle que tenía que avisar a las demás. Ya no era nada seguro salir a pasear de noche, y volar con la escoba. Los niños se acuestan cada vez más tarde, y eso, queridos amigos, nos pone en peligro.